La prevención de la violencia y las relaciones tóxicas comienza en la adolescencia

5/24/20262 min read

La prevención de la violencia de género tiene que empezar mucho antes de que aparezca la violencia.

Los primeros indicios pueden aparecer ya en la adolescencia. Aprendemos por modelaje, por imitación y por la transmisión de estereotipos y roles de género presentes en la sociedad, en la familia y en nuestro entorno más cercano.

En las primeras etapas de la adolescencia aprendemos cómo relacionarnos, normalizamos conductas que vemos en nuestro día a día y muchas veces callamos situaciones que aún no sabemos identificar como correctas o no.

Porque el control puede disfrazarse de amor, los celos pueden parecer interés y la dependencia emocional puede convertirse en cadenas invisibles que limitan a la persona dentro de la relación, haciendo que poco a poco pierda su autonomía, su voz y su individualidad.

Cuando nadie enseña a identificar esas señales, muchas personas crecen pensando que ciertas conductas son normales dentro de una relación afectivo-sexual.

Por eso considero tan importante intervenir desde edades tempranas. Hablar de autoestima, educación emocional, límites, respeto y relaciones sanas no debería ser algo secundario, sino una herramienta real de prevención y protección.

Una de las cosas que más sentido da a mi camino profesional es poder contribuir, desde la intervención socioeducativa, a crear espacios donde adolescentes puedan reflexionar, cuestionar, aprender y construir vínculos más sanos y conscientes. Espacios que les permitan desarrollar pensamiento crítico frente a ciertos estereotipos y roles de género que todavía siguen perpetuando conductas tóxicas.

Porque prevenir también es escuchar y orientar, es educar emocionalmente y acompañar antes de que el daño aparezca.

Y quizá una conversación a tiempo pueda cambiar la manera en la que una persona se relacionará consigo misma y con los demás durante toda su vida.

Necesitamos darle más importancia a la prevención, la educación emocional y el acompañamiento en la adolescencia. Ahí también se construye el futuro de una sociedad más sana e igualitaria.

Es una responsabilidad colectiva: de las familias, de la comunidad educativa y de toda la sociedad.